Santiago KovadloffPresentación del libro Argentina Ruta 40

Santiago Kovadloff

 

La verdadera intimidad no es privada, es una ofrenda. Y en este caso para mí la ofrenda consiste justamente en orquestar un repertorio de emociones  y de convicciones que fuimos ganando a través de la convivencia con Luis Castelli y  sin duda, con Alfredo Lichter también, acerca de nuestra ubicación. Porque para mí la cuestión es nuestra ubicación, quiero decir, donde estamos y en compañía de qué y de quién.

Es cierto, hemos venido  a presentar un libro… ¿Ante quién?, ¿Ante quiénes?.
Tal vez lo que primeramente quisiera decirles a ustedes es que este libro no tiene fin. Es imposible terminar de leerlo, es imposible terminar de verlo. No fue constituido para que en un momento quede atrás. Porque el libro es una invitación a la lucidez. La lucidez no es un acto de inteligencia brillante, es una emoción profunda del entendimiento acerca de lo que es el sentido de la vida. Y este libro, creo yo, es una invitación  a eso como iremos viendo y como tal vez podamos decir.

En primer lugar, quiero decirles que proseguimos con Luis nuestra conversación a través de este encuentro con ustedes. Nada es más  improbable que hacerse presente, quiero decir, presentarse. Es difícil presentarse, quiero decir, hacerse presente. Normalmente aludimos a nosotros mismos, a través de nuestros antecedentes curriculares y de un repertorio de hazañas más o menos afortunadas a las que llamamos nuestra trayectoria. Pero hacerse presente es otra cosa. Yo hoy quiero ante todo, ante todo, decirles que Luis Castelli es para mí un hombre que  pugna por hacerse presente a través del testimonio que él brinda de lo que entiende por paisaje. Este libro es un esfuerzo de presentificación. Nuestra idea inicial, es que ustedes puedan recorrerlo con los ojos, inicialmente, y asumirlo después, si es posible, como parte de una biografía, la de ustedes.


Aquí entonces tuvimos una primera aproximación a lo que el libro propone. Pero antes de ahondar un poco más de lo que el libro propone, les recuerdo acerca de Luis Castelli que este no es su primer trabajo. En realidad, creo que tenía razón Roberto Juarrós, el poeta, cuando una vez me dijo que no hay segundo libro, ni tercer libro; siempre es el primer libro. No hay burocracia posible ni en la paternidad ni en la autoría. No se tiene segundo hijo, tercer hijo, cuarto hijo, tercera mujer, quinto marido. Siempre se esta en el campo de una experiencia que es inaugural en la medida en que es entrañable. No hay burocracia posible en este terreno y entonces este libro al que podríamos llamar el cuarto de Luis Castelli, vuelve sobre algo fundamental, que es el intento de constituir una vez mas lo interminable, que es invitar el pensamiento a hacerse cargo de lo que puede ser contemplado.

Luis es abogado, es el Director Ejecutivo de la Fundación Naturaleza para el Futuro que fue creada en el año 2000; es también como yo, colaborador  en el diario La Nación, en el área Editorial. Pero es fundamentalmente un desvelado. Yo llamo desvelado a los hombres a los que la pasión les impide darse por satisfechos. Si el está al frente de una fundación no gubernamental y sin fines de lucro, es por la incalculable ambición que tiene. Se supondría que si uno tiene ambiciones estaría al frente a una fundación con fines de lucro. Pero estar al frente de fundación sin fines de lucro significa creer que la convivencia es un fin en si mismo. Que los hombres están para tratar de convivir. Es probable que esta tarea sea sumamente difícil, pero es imprescindible. No poder realizar nada, no significa renunciar a intentar realizarla. Los hombres, creo yo, triunfan en la medida en que perseveran en lo que no pueden terminar de hacer. No hay nada más patético que un hombre realizado.

En este sentido, Ruta 40 es una obra que propone cursarla infinitamente. Ustedes han visto las fotos de Marcos Zimmermann. ¿Que quieren mostrar?,¿Que quieren mostrar los textos de Luis Castelli en este libro?. Este libro es una advertencia, así lo entiendo  yo al menos, veremos que piensan ustedes. Es una advertencia acerca de los efectos devastadores que sobre nuestra percepción puede tener la costumbre. Es decir, la presunción de que uno ya vio, ya entendió, ya sabe ante que está. No podemos vivir sin costumbres, pero vivir acostumbrados es un fallecimiento anticipado de cada uno de nosotros. Este libro rompe la costumbre, atenta contra la costumbre, quiere que advirtamos donde estamos. No terminaremos nunca de saber donde estamos, pero podemos empezar a saber porque no estábamos presentes donde nos encontrábamos y no estábamos presentes porque no habíamos advertido qué había.

El habla en este libro de rutas escénicas. La ruta escénica es la expresión de la cortesía que la cultura tiene hacia la naturaleza. No es una ruta que avasalla y quebranta el paisaje, es una ruta que se integra a lo que el paisaje quiere ser, para que atravesándola se pueda recorrer lo que la excede, es decir, el entorno. No hay rutas escénicas en abundancia porque la tierra esta prostibulariamente concebida como objeto de dominio y explotación.

Si algo nos ha enseñado la segunda mitad del siglo XX, es que la tierra no es lo que nos rodea, es lo que hemos hecho de nosotros. Somos lo que a ella le sucede, y su agonía es la nuestra, su riqueza es la nuestra y su desconocimiento es nuestro desconocimiento. Los llamados problemas climáticos o ambientales, no son sino los problemas que atañen  a la calidad de la conciencia que el hombre tiene de si mismo. Hemos concebido durante centenares de años a la tierra como objeto de dominio. Parece que nos excedimos. Y ella hoy viene a decirnos que si no la concebimos también como una interlocutora, corremos peligro de extinción nosotros. Se trata de promover la interdependencia entre el hombre y el hombre, y el hombre y el hombre es el hombre y el paisaje, porque el paisaje no es externo a nosotros. El paisaje es la percepción que el hombre tiene del entorno, es el destino que el  entorno corre como valor en la percepción del hombre.

Una exigencia demasiado alta para un tiempo todavía avasallador y prepotente que entiende la existencia como una afirmación de dominio y no de convivencia, pero indispensable como les decía antes.

Los textos de Luis Castelli en este libro, intentan mostrarnos no el paisaje entendido como espectáculo. No aspira a distraernos, sino a concentrarnos. A que mirando lo que nos excede podamos reconocer nuestra propia interioridad. Es un desafío, quiere que aprendamos a ver. Ver no es observar, ver es contemplar. Somos la única especie existente de la que tenemos noticias que tiene el don de la contemplación. Ninguna otra especie viva contempla. Mira en función de sus necesidades de supervivencia. El hombre puede contemplar, es decir, zambullirse en la posibilidad de encuentro con lo que observa sin otra finalidad que verlo, ¿Cuál es la rentabilidad de un amanecer?.

Este libro invita a la contemplación, es decir, al descubrimiento de lo que podemos hacer y ser. Es un libro venidero, ya esta editado, pero es venidero. Los hombres que puedan habitar convivencialmente la tierra aún no existen como especie dominante. Tal vez existan mañana. El libro invita al porvenir. Invita a ser parte del porvenir. Invita a ser hombres y mujeres venideros. Creo también, que el libro es una denuncia de la angustia que al hombre le produce el desconocimiento de si mismo. Califica al paisaje, lo domina, lo cifra, lo cementa, lo corta, lo tatúa, lo acalla; para olvidar esa alteridad, esa otredad que es parte de su vida: la tierra. Somos la tierra. El libro viene a denunciar esa violencia ejercida sobre uno a través de la violencia ejercida sobre el paisaje. Por eso es un libro político. No porque responda a una ideología partidaria, sino porque viene a hablar de la polis, de los hombres que conviven o deberían convivir. Es también un libro ético. No porque hable de nuestros deberes hacia la naturaleza, sino porque habla de la convivencia como la dimensión más alta y exigente de la ética. Y por último, es un poema. Algo quiere decir,  cuyo sentido dependerá de la interpretación que cada cual le infunda. Por lo tanto, es una invitación a la responsabilidad de interpretarlo. No es tarea fácil, pero es una tarea posible.

Quería también decirles algo más: el empeño primordial de Luis en la redacción de estas páginas no fue transmitir mediante definiciones lo que vivía, sino tratar de plasmar el impacto que sobre su sensibilidad tuvo la posibilidad  de ver, de ver lo que hacemos, lo que deberíamos hacer. Es un esfuerzo denodado por transmitir una ausencia y una presencia. La presencia de una posibilidad de una calidad de vida diferente. La ausencia de esa posibilidad generada por un concepto determinado de cultura, que es la idea de  que la tierra es un objeto de dominio. Tal vez no sea un objeto de dominio, no porque vaya a dejar de serlo, porque si se extenúa bajo el trato que le dispensemos como objeto de dominio nuestro porvenir esta liquidado. Por lo tanto, en la medida en que este libro es el libro de un viajero, es también un libro antiguo, porque no hay nada más antiguo que los libros de viaje. ¿Que es un viajero?. Es alguien que no quiere llegar a ninguna parte, porque en cada parte por donde está, en  la que se encuentra, encuentra la totalidad de lo que busca y pierde lo que busca también. Cada paisaje es todos los paisajes, como un Aleph diría Borges. Es el libro de un caminante. Ustedes van a encontrar en este libro una foto eminente que es la de un caminante. Un caminante en el medio de la nada. No es que esta caminando por una avenida ni una calle. Esta en la infinidad caminando. ¿A donde va?, ¿a dónde va un hombre que esta a centenares de miles de kilómetros caminando?. No va a ningún lado, esta donde se encuentra. En ese sentido, al ser el libro de un viajero, y con esto término, es el libro de alguien que invita a advertir que lo fundamental de una ruta escénica, es decir, que contribuya al reconocimiento del paisaje, no es llevarnos a otra parte, sino a  aprender a estar en donde nos encontremos. La tarea como decía es difícil, pero es imprescindible y de nosotros depende.


Muchas gracias.

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